lunes, 14 de enero de 2013

Publificción: bullying publicitario y otras mierdas

Siento profundamente decepcionar a mis cientos de miles de enemigos y volver a escribir una entrada en mi blog de mierda, pero al leer un artículo en cierta revista cultural he sentido la necesidad de comunicar mis pensamientos, muy probablemente polémicos, sobre el contenido del artículo.

En esta ocasión se hablaba sobre aquellas personas que no poseen televisor en casa y propagan orgullosamente su postura en contra de este electrodoméstico entre amigos y conocidos (en el artículo no se mencionan personas del sexo opuesto, aunque estoy plenamente convencido que se trataría del 90% de receptores de esta información). Sin embargo, estas personas que dicen no tener televisor son grandes consumidores de contenido audiovisual creado especialmente para la televisión, pero es más cool verlo por Internet y en versión original.

Esto me ha llevado a pensar en la imagen que quiere transmitir cada uno de sí mismo y todo lo que quiere ocultar a los demás. En muchas ocasiones se habla de telebasura como el ejemplo perfecto de incultura audiovisual, y es muy común escuchar entre la gente el clásico "sé lo que es pero no lo miro" cuando se habla de este tipo de programas. No quiero hablar sobre qué se considera telebasura y qué no, ya que las audiencias, por muy discutible que sea su fiabilidad, ahí están. También existen muchos defensores de este tipo de programas que lo consideran tan solo una manera más de entretenerse sin hacer un uso excesivo de la capacidad intelectual de un individuo.

Y digo yo... si tanto se habla de la falta de cultura en este país, los recortes en educación y cultura (aunque eso es otro tema) y la insistencia de las cadenas privadas en proporcionar este tipo de contenidos a la población, ¿por qué no se hace algo para solucionarlo? 

Existen multitud de campañas de publicidad que tratan de concienciar a la ciudadanía para que haga o deje de hacer cosas que pueden ser perjudiciales para ellos mismos, para los demás, para el entorno o para el propio estado. ¿Por qué no se emplea el mismo método para incentivar a consumir contenido de carácter cultural? Lo sé, suena utópico y, aunque en algún momento se pudiera realizar algo similar a lo largo de la historia, sería extremadamente complicado conseguir un éxito masivo.



Esto me ha llevado a pensar en cómo sería esa campaña, ¿cómo conseguir reeducar a millones de personas que han sido manipulados por el big brother durante tantos años? La única solución que se me ha pasado por la cabeza ha sido la de castigarlos. No solo castigarlos, también ridiculizarlos. Que se sientan mal haciendo lo que hacen y que sean ellos los que se den cuenta que tienen que cambiar. ¿Sería posible crear una atmósfera tan radical donde ver este tipo de programas pueda exponerte al ridículo social? Como el porno, pero sin verlo de verdad.

Como no soy muy fan de añadir frase célebres de personajes que no conozco personalmente, citaré a Jacob, el simpático guía que nos acompañó durante nuestra visita a Berlín:

 "Señores, saquen vuestras propias conclusiones." Jacob.

Saludos avinagrados.

martes, 22 de febrero de 2011

Barras y estrellas: sinderato!

Casas con jardín,  desayunos con tortitas, autobuses escolares amarillentos, barbacoas con los vecinos, bailes de primavera, partidos de instituto, animadoras...pero lo que envidio sobretodo, y con todo el revuelo que se está armando por aquí actualmente, son servicios de contenidos multimedia en condiciones. Series y películas en alta definición (aunque yo con un dvd-rip ya me conformo...) y un precio aceptable.

Entre todas las críticas que he oído a esa aberración legislativa como es la ley Sinde (que lleva el nombre de la ministra "ovacionada" en la gala de los Goya), he oído algunas que pedían un Spotify de películas y series (no voy a hablar de música ni del iluminado de Alejandro). Ese servicio de series y películas en streaming ya existe, como por ejemplo Hulu o Netflix, que solo están disponible en EE.UU. y que funcionan a la maravilla. Netflix ofrece por $7,99/mes (5,88€ al cambio) películas ilimitadas en alta definición. Hulu, para quien no lo sepa, se asemeja algo más a Spotify, los usuarios pueden ver los capítulos más actuales de sus series favoritas completamente gratis (con publicidad añadida) o pagando una cuota de también $7,99/mes. En España existen iniciativas como Filmin, parecido a Netflix, pero dedicado al cine independiente y con un catálogo infinitamente más reducido. La pregunta que planteo es la siguiente: ¿Si te consideras un verdadero amante de series o películas, no serías capaz de abonar poco menos de 6€ mensuales por disfrutar de un servicio más cómodo y con contenidos de más calidad? Yo personalmente no tendría ningún problema, y no me sobra el dinero que digamos...

¿Y cómo es que esos servicios no existen en España? Pues porque aquí estamos más preocupados en que señores como Alejandro Sanz estén contentos que en mejorar este tipo de cosas (tenía que decirlo). Netflix puso en duda hace aproximadamente un mes su llegada a España por culpa principalmente de los abusivos derechos de autor a los que se enfrentarían aquí, que son 2 o 3 veces más que en países como Francia y Alemania, por ejemplo. Aparte de eso, cabe señalar que las infraestructuras de telecomunicaciones en España no son ni mucho menos una maravilla, el precio de las tarifas es muy elevado y ni la velocidad es comparable a la de un Hispania en la F1, y eso dificulta aún más que servicios como estos puedan llegar a nuestro país.

Mientras nuestro gobierno se dedica a cerrar webs indiscriminadamente y sin lógica alguna, no piensan que ese no es el camino y que lo único que va a conseguir será enfadar a los millones de usuarios que diariamente visitan webs como SeriesYonkis o Cinetube y que podrían ser usuarios potenciales de servicios como los comentados anteriormente. Así vamos...

Saludos avinagrados y NO AL CIERRE DE WEBS!



jueves, 27 de enero de 2011

Antididactas Parte I: ¿Ha probado ya de reiniciar el router?

Es probable que después de esta entrada me gane algunos enemigos, o incluso que pueda perder los pocos amigos que me quedan (solo bromeo...¡ya no me queda ninguno!). Pero arriesgándome a ello, me aventuraré a opinar sobre aquellos individuos que prefieren la comodidad que proporciona que alguien te solucione tus problemas a intentarlo por uno mismo.

Para la primera parte de Autodidactas, hablaré de algo tan sencillo, y a la vez tan complejo, como los ordenadores. No me considero ni de lejos un usuario experto, ni siquiera avanzado, pero yo mismo soy capaz de solucionar la mayoría de los problemas que tiene mi ordenador. No porque haya acudido a clases de informática ni nada por el estilo, sino porque poniendo un poco de interés es muy probable que obtengas la solución fácilmente. En la mayoría de casos tan solo es necesario introducir algunas palabritas mágicas en Google, para que algún forero o blogger amable te saque de dudas. Pero hay gente que no...

Hablo de esas personas que no se preocupan... ya que es más fácil llamar al típico amigo entendido para que te solucione el problema. ¡Por el amor de Dios! ¡Implícate tú! ¡Busca! ¡Haz algo! En la mayoría de casos tan solo hay que seguir unas instrucciones..."Uy, esto es demasiado complicado", suelo escuchar, pero responden en negativo si les pregunto si han intentado profundizar en el asunto. ¡Y sí!, efectivamente, muchas veces solo hay que buscar en Google y que alguien te de unas pequeñas instrucciones pero "Uy, es que era muy largo y no lo sabía hacer". Veamos, que una explicación sea más o menos extensa ¡NO TIENE QUE SIGNIFICAR QUE SEA MÁS O MENOS COMPLEJA!. Pero no...no es necesario molestarse si tienes a alguien que lo haga por ti.

Se reconoce a un usuario antididacta cuando sufre un bloqueo grave al encontrarse con términos parecidos a: "Ajustes del sistema", "Configuración", "Preferencias",  "Panel de control", "Error  404", "Está usted seguro que...", "Su computadora le exterminará en 5, 4, 3..." o "Eres el visitante nº...". Es probable que usuarios antididactas sean soprendentemente eficaces en la búsqueda de información a través de internet cuando se trate de buscar letras de canciones en inglés para colgarlas en su perfil público de cualquier red social, aparentando ser totalmente conocedores del idioma.

Animo a todos aquellos que se sientan indentificados como antididactas a salir de la cueva y ver que hay algo más. Un mundo lleno de respuestas os espera, confío en vosotros. Juntos lo lograremos.


Saludos avinagrados.


miércoles, 19 de enero de 2011

La publicidad de Spotify como tortura matutina

Que bien sienta despertarse un día cualquiera por la mañana a la hora que te de la más absoluta gana.

Eso pensé la otra mañana cuando mis ojos se abrieron de manera espontánea sin necesidad de un despertador que me taladre sin compasión. Me incliné un poco, encendí mi ordenador y puse algo de música tranquila con Spotify. Tras unos minutos de bienestar supremo en la cama escuchando música postdespertado, un acontecimiento horripilante sucedió. El karma arremetió contra mí con un brutal y aterrador anuncio del nuevo álbum de Cuarto Milenio, ese popular programa de Cuatro sobre fenómenos paranormales presentado por Iker Jiménez. Entre las canciones que sonaron en esos breves instantes, se encuentra la famosa banda sonora de la película El exorcista. Lo que parecía una magnífica entrada de día, acabo convirtiéndome en un ser agresivo durante unos minutos, fue una sensación comparable a la de un coitus interruptus, salvando las distancias, lógicamente.

Eso me llevó a pensar que los señores de Spotify deberían hacerse mirar el tema de los anuncios en su software. El hecho de tener en su poder los datos de los gustos musicales de todos y cada uno de sus usuarios debería ser de provecho para ellos. Sin embargo, en vez de usar esos datos para reproducir anuncios para targets específicos, se dedican a bombardearnos y torturarnos cruelmente con anuncios que no nos interesan en absoluto. Personalmente, personajes que antes me provocaban indiferencia, ahora me dan grima con tan solo oír su voz.  Y sí, hablo de Melendi y sobretodo de CARLOS BAUTE (que ahora encima se han unido para luchar contra nuestra integridad emocional promocionando el álbum "Ñ"). Pienso que estos anuncios, a parte de ser cargantes y desgastar sus singles principales, hacen que la imagen de estos "artistas" se vea seriamente perjudicada, al menos para mí...

Espero que solucionen rápido el asunto y pueda despertarme cada día con esa felicidad despreocupada que me caracteriza.

Saludos avinagrados.